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Por: Melanie Escalante Góngora

El trabajo en la industria maquiladora nos transporta a un espacio de reflexión donde el cuerpo y el tiempo se fusionan de manera incómoda; donde lo laboral deja huellas que no desaparecen al llegar a casa

7 de junio de 2026

Entrevista con Iriam Alejandra Ordoñez Venegas

La industria maquiladora se ha consolidado como uno de los pilares económicos en México, sosteniendo una parte importante de la producción manufacturera y textil. No obstante, detrás de esa capacidad productiva persisten dinámicas marcadas por jornadas extensas, presión constante, condiciones laborales desiguales y diversas formas de violencia. Tan solo en el sector de la moda, más de un millón dieciocho mil (1,018,000) personas enfrentan contextos de precariedad, con bajos salarios y escasa estabilidad, problemas que no son visibles públicamente, que no se denuncian y que, por lo tanto, no están en camino de soluciones que protejan los derechos de los trabajadores (Laureles, 2022).

Particularmente en el estado de Chihuahua, donde la maquila estructura la vida cotidiana y define el ritmo de miles de hogares, el empleo no solo organiza el tiempo: también impacta el cuerpo. En una industria textil donde el cansancio acumulado, las lesiones repetitivas y la dificultad para descansar forman parte de una realidad que suele normalizarse. Es desde este contexto que surge Marcas y Jornadas, el proyecto de la artista gráfica Iriam Venegas, quien convierte diversas piezas en un archivo visible del desgaste físico y emocional que deja la jornada laboral.

“No es trabajo digno si nos separa de quienes amamos”

 

 

Este es un proyecto de la artista visual Iriam Venegas, originaria de Chihuahua, de 24 años y egresada de la Facultad de Artes. A través de algunas producciones textiles, combina artes gráficas, medios audiovisuales e intervenciones para explorar el desgaste físico y emocional en el trabajo maquilero. Especializada en grabado, serigrafía e impresión, su investigación comenzó hace dos años como un trabajo académico, pero pronto se transformó en una representación sobre la precariedad laboral. 

El conjunto está conformado por nueve piezas que integran distintas manifestaciones artísticas, entre ellas prendas y accesorios de trabajadores de maquila, producciones audiovisuales e intervenciones gráficas, y construyen una narrativa sobre las condiciones de explotación y el cuerpo, con la finalidad de crear conciencia sobre la situación y, a la postre, alcanzar soluciones reales.

  1. ¿Cómo nace el desarrollo de estas piezas y qué te interesó explorar a través de ellas?

Durante la entrevista, Iriam destacó que este proceso creativo comenzó hace aproximadamente dos años y que se considera una persona que, si escucha algo que le gusta o le impacta, lo anota. También, señaló que al principio estaba muy aferrada a la idea de no querer encerrarse en las maquilas, pues quería investigar distintos oficios, pero que las piezas siempre la terminaban llevando hacia la industria maquiladora.

“Muchos me decían que el uniforme era como una segunda piel que no se quita al terminar la jornada. Cada persona con la que hablaba para investigar me lo mencionaba. Con el tiempo,  dejó de ser un proyecto escolar y se convirtió en una producción personal, tenía algo que decir. Eran frases que yo sentía que necesitaba rescatar” (Venegas, 2026).

La artista explicó que uno de los primeros acercamientos a las piezas fue la realización de un flipbook: 

“Tomé cien fotografías de un empleado y la idea era que, mientras las imágenes avanzaban en ese librito, se fueran desgastando. Ahí entendí que todo el proyecto giraba en torno al cansancio y, sobre todo, a las marcas físicas que aparecen en el cuerpo de los trabajadores” (Venegas, 2026).

¿En qué consiste “Marcas y Jornadas"?

De acuerdo con Iriam, el flipbook fue una animación que se expandió hacia una segunda pieza, llevando la idea al mundo laboral a través de una vacante llamada “Operador de Flipbook”, cuyo requisito de contratación era utilizarlo durante una hora, pagándole lo correspondiente como si se tratara de un empleo común.

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Fotos:  Iriam Alejandra Ordoñez Venegas

La obra no solo incluía la vacante publicada, sino también el resultado de esa animación con el flipbook y un video donde se observa su ejecución. Todos estos elementos (la convocatoria, el producto final del libro animado y el registro visual del trabajo) conformaban un mismo sistema. “Quise exprimir lo más que podía esa animación”, comentó Iriam. De este modo, la pieza no solo representa el trabajo, sino que lo reproduce, evidenciando cómo el tiempo y la repetición se convierten en parte central de la experiencia laboral.

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De este proceso surgió la tercera pieza: un registro audiovisual que completa el circuito entre convocatoria, ejecución y resultado, reforzando la idea planteada por la artista de que el proyecto del flipbook, además de representar las características del trabajo de maquila, también lo pone en práctica y lo expone, mostrando cómo el tiempo, la repetición y la productividad estructuran la experiencia laboral.

“LITERALMENTE UNA ANIMACIÓN DEL CANSANCIO. TAREAS REPETIDAS, PÁGINA TRAS PÁGINA, UN CUERPO DÍA A DÍA QUE NO SE DETIENE.”

  1. ¿Qué papel tiene el uniforme dentro del proyecto más allá de su función laboral?

Como parte de este trabajo, Iriam traslada estas reflexiones a sus producciones textiles, en las que el uniforme se convierte en el eje principal, el cual está completamente intervenido con frases recopiladas por ella durante su proceso de investigación. No son palabras sueltas ni inventadas: son testimonios reales de trabajadores, fragmentos de conversaciones que fue guardando como archivo. En este caso, utilizó prendas y accesorios como una bata, guantes, lentes, botas y jeans, elementos que refuerzan la dimensión industrial y cotidiana del mundo maquilero.

“Todas las frases salen de personas de aquí: familiares, amigos o trabajadores que alguna vez me compartieron sus experiencias. Yo anoté todo. La inspiración del proyecto son los mismos trabajadores maquileros” (Venegas, 2026).

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Empezando con la bata bordada, la artista utilizó testimonios y la misma tipografía del logo de “Jabil”, una maquiladora con presencia en distintos estados. Esto cobra relevancia porque en los últimos años, diversas plantas maquiladoras en México han sido señaladas públicamente por condiciones laborales precarias, particularmente durante la pandemia y por la reducción de salarios. De este modo, la pieza se presenta como una manifestación crítica que cuestiona esas realidades y condiciones.

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“El uniforme como territorio del desgaste”

 

En continuidad con los accesorios, los lentes están grabados como si estuvieran rayados por el uso constante y el cansancio que atraviesan los trabajadores; estas marcas, en realidad, corresponden a frases de los propios empleados. Una de ellas dice: “Estoy trabajando para vivir, pero ni chance me dan de hacerlo”, evidenciando cómo el tiempo laboral termina por imponerse sobre su vida cotidiana. De esta forma, se deteriora el uniforme, al mismo tiempo que se desgasta la persona que lo lleva puesto.

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Dentro de esta serie de obras, los jeans son una de las piezas más significativas del conjunto y una de las favoritas de Iriam. “Quise intervenir estos jeans, ya que casi todos estos tipos de trabajos pesados te piden mezclilla”, explicó. La artista menciona que realizó un esténcil sobre la tela, en el cual las letras se confunden con manchas que imitan suciedad, combinando la tipografía con la apariencia de mugre. Dicho esto, la prenda plantea una contradicción que señala cómo ciertas marcas de moda han replicado la estética del trabajo físico, convirtiendo el desgaste en tendencia, rasgaduras calculadas, manchas diseñadas, apariencia de uso prematuro. En este caso, esa estética no es decorativa, sino política y se convierte en una pieza de denuncia.

“Sí me duele, pero me duele más no tener dinero”.


Por su parte, el calzado, intervenido en amarillo y negro, hace alusión al riesgo y la precaución dentro de los espacios industriales, convirtiendo el cuerpo en un territorio En palabras de la artista: “la explotación no ocurre únicamente sobre el espacio de trabajo, sino también sobre los cuerpos” (Venegas, 2026). En este sentido, es evidente que las botas remiten al peligro físico del entorno maquilero y denuncian la normalización del cansancio y de la exigencia como parte de la rutina.

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En conjunto, las botas y guantes retratan el cuerpo desde los extremos: manos y pies, las partes que más ejecutan y sostienen el ritmo de producción. Así, el uniforme deja de ser únicamente protección; se convierte en evidencia que muestra el desgaste físico y, paralelamente, la forma en que éste atraviesa, condiciona y marca a quien lo realiza.

¿Cómo relacionas el uniforme con el cuerpo y el dolor?

Como parte de su producción audiovisual, una de las piezas que realizó Iriam es un díptico. “Es una sola pieza, pero está dividida en dos partes”, explicó. En un video aparece un ingeniero recién egresado dando mantenimiento a máquinas; en el otro, una cajera atraviesa su rutina diaria. Mientras las imágenes avanzan, se escuchan sus voces compartiendo anécdotas, pesadeces y quejas, construyendo un retrato íntimo de sus realidades laborales.

La obra audiovisual de Iriam retoma la influencia del dolor a partir de una de las creaciones de su maestra, quien trabajó con mujeres maquiladoras y realizó moldes de sus manos, manifestando las cicatrices y los fragmentos de dedos faltantes. “La mayoría del proyecto gira en torno a marcas, marcas físicas”, señaló. Incluso conoció historias de trabajadores sabiendo que ciertos dedos que utilizan para manipular herramientas como pinzas están “asegurados”, ya que llegan a lastimarse para recibir una indemnización. Esta lógica del cuerpo como territorio de riesgo y marcas se puede ver reflejado en su pieza, en la cual se cruzan distintas realidades laborales.

A partir de esto, el cuerpo deja de ser únicamente herramienta y se convierte en un territorio vulnerable. El dolor no aparece como algo aislado; es tratado como una condición que se acumula y se normaliza dentro de la rutina laboral. Así, el uniforme no es solo una prenda: es la extensión visible de las huellas que el trabajo deja en el cuerpo día tras día.

 

¿Qué quieres comunicar con tus piezas, sabiendo el contexto en el que se desarrollan?

“Desde el inicio supe que no quería que fueran piezas esperanzadoras”, explicó Iriam. Su intención no es suavizar la realidad ni ofrecer consuelo; tiene un enfoque mucho más profundo de visibilización pero también orientada a provocar una reflexión incómoda. En un estado atravesado por la industria maquiladora, donde el trabajo marca el ritmo de la vida cotidiana, sus piezas buscan cuestionar a la opinión pública sobre el impacto social de la industria indumentaria. 

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Uno de los mayores retos del proyecto fue sostener un discurso firme sin perder de vista la complejidad humana de cada testimonio. La artista reconoció que al inicio se aferró a la idea de no hacer una obra romantizada. Aunque ninguna de las piezas parte de su experiencia personal menciona que este proyecto la volvió más sensible ante realidades que no son la suya. En ese proceso, Iriam comprendió lo que hay de un empleo, transformando la identidad: al recibir un gafete, un logo y un cargo, la persona se convierte en un número ligado a la productividad. Si no cumple o decide descansar, su valor dentro del sistema se reemplaza dentro del sistema.

De ahí surge una de sus conclusiones más contundentes: el espacio laboral puede sentirse como un sistema de control constante. “Se siente muy carcelero todo, ¿no? Tener un número de serie con tu nombre y tu foto, usar un uniforme y estar todo el tiempo vigilado para que hagas bien las cosas… tiene muchas similitudes con una cárcel, una cárcel muy bonita”, opinó la artista. 

Así, Marcas y Jornadas evidencia el desgaste físico a la par de las dinámicas de vigilancia, sustitución y carga acumulada que obligan a muchas personas a extender la jornada más allá del espacio laboral. no por elección, sino por necesidad, afectando su vida cotidiana, concluyendo con la reflexión de que lo laboral influye inevitablemente en nuestra forma de vivir.

  “El trabajo maquilero sostiene hogares desde la ausencia: hijxs que crecen sin presencia, cuerpos que se agotan en jornadas que no les pertenecen, afectos que se fragmentan entre turnos y cansancio” (Venegas, 2026).

También Iriam interviene los guantes con pintura, generando manchas y marcas de uso que simulan el desgaste del trabajo. Con ello, evidencia la carga laboral, la repetición constante y la interacción continua con la máquina, así como las dinámicas de explotación que atraviesan a los trabajadores.

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Más que una denuncia directa, el proyecto funciona como un espejo. “No voy a cambiar el mundo con esto”, reconoce, “pero sí me interesa que quien no ha vivido esta realidad entienda que descansar es un privilegio”. A través del uniforme intervenido, las frases bordadas y los accesorios marcados, sus piezas recuerdan que el cuerpo no es infinito y que detrás de cada producto terminado hay una historia de desgaste que pocas veces se nombra.

“Porque sin dinero no comes, y sin comer no vives; si no duermes bien, tampoco estás bien. Todo repercute en la salud, y al final de cuentas la salud es vivir. Es súper crudo el proyecto” (Venegas, 2026).

Fotos:  Iriam Alejandra Ordoñez Venegas

Fotos:  Iriam Alejandra Ordoñez Venegas

Fotos:  Iriam Alejandra Ordoñez Venegas

Fotos:  Iriam Alejandra Ordoñez Venegas

Fotos:  Iriam Alejandra Ordoñez Venegas

Fotos:  Iriam Alejandra Ordoñez Venegas

Fotos:  Iriam Alejandra Ordoñez Venegas

Fotos:  Iriam Alejandra Ordoñez Venegas

Fotos:  Iriam Alejandra Ordoñez Venegas

Fotos:  Iriam Alejandra Ordoñez Venegas

Fotos:  Iriam Alejandra Ordoñez Venegas

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Fotos:  Iriam Alejandra Ordoñez Venegas

Apoyo
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Registro de piezas

Bibliografía: 

 

Castro Mata, T., Luna Ferrales, C., Arias Pacheco, R. I., & Serrano Ramírez, K. I. (2025). Salud ocupacional y violencia de género en la industria maquiladora: Una revisión narrativa. Ciencia y Reflexión, 4(4), 189–203. https://doi.org/10.70747/cr.v4i4.591

Fernández, S. (2024). El arte del desgaste: ¿por qué sigue triunfando el aspecto voluntariamente «roto» o «sucio» en el mundo de la moda? El Español. https://www.elespanol.com/mujer/moda/20241226/arte-desgaste-sigue-triunfando-aspecto-voluntariamente-roto-sucio-mundo-moda/908159646_0.html

La Izquierda Diario Jalisco. (2020). En Jabil despiden a personas con discapacidad auditiva en medio de COVID. Mundo Obrero. https://www.laizquierdadiario.mx/En-Jabil-despiden-a-personas-con-discapacidad-auditiva-en-medio-de-COVID

Laureles, J. (2022). Un millón 18 mil trabajadores de industria textil laboran en condiciones precarias. La Jornada. https://www.jornada.com.mx/notas/2022/05/24/sociedad/un-millon-18-mil-trabajadores-de-industria-textil-laboran-en-condiciones-precarias/

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