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México 1986: Así lució México en el Mundial de 1986. Nota. Fotografía de Getty Images, recuperada de ESPN (2025).

Por: Melanie Escalante Góngora

Cada cuatro años, México se viste de verde. Pero ese verde no siempre existió, ni siempre significó lo mismo. 

Las playeras mundialistas han sido mucho más que una prenda deportiva: han reflejado el momento político, la identidad nacional y, con el tiempo, los intereses de la industria. De hecho, algunos diseños marcaron época; otros quedaron atrapados en su contexto; aún así, todos contaron algo más que un partido.

Con el paso de los años, el fútbol comenzó a vincularse con la moda. Así es como la camiseta salió de la cancha y entró en pasarelas, colaboraciones y ediciones limitadas. De esta forma, de ser solamente un símbolo deportivo, se convierte en toda una tendencia: en un referente estético y en un objeto de colección. En este transcurso, el verde dejó de ser solo una representación cromática para convertirse en un gran producto. Por ello, esta crónica pretende exponer con más detalle la transformación del diseño de la playera que entrelaza estrategia, consumo, cultura, pasión e identidad. 

Y entonces surge la pregunta: cuando el verde se vuelve tendencia, ¿seguimos vistiendo identidad o empezamos a consumirla?

Los inicios: el guinda antes del verde

En los Mundiales de 1930, 1950 y 1954, la selección nacional  aún no vestía de verde. Antes de que ese color se convirtiera en la representación de nuestra selección mexicana, México jugaba de guinda. Un tono vino-rojizo, que marcó el inicio del fútbol.

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Uruguay 1930, Italia 1950 y Suiza 1954:  La selección mexicana portó una camisa de tono guinda con manga larga y escudo nacional al pecho, resaltando el nombre del país. Nota. Fotografía de Jesús F. Beltrán, recuperada de Infobae (2025).

La primera decisión formal sobre el uniforme se tomó en 1923. Se acordó una camiseta roja tirando a guinda, con cuello blanco y agujeta al pecho; el short sería negro y las calcetas, oscuras. En ese momento no se pensaba en identidad cromática ni en narrativa nacional. El uniforme respondía a practicidad más que a simbolismo.

A partir de entonces, los cambios fueron mínimos. En Ámsterdam 1928 el short se volvió blanco; en Uruguay 1930 se mantuvo la misma base estética: algodón pesado, manga larga y cuello acordonado. El uniforme era funcional y rígido. En esa época no existía la costumbre de tener múltiples uniformes; una sola equipación bastaba para representar a toda una nación.

En 1934 apareció una variación con camiseta blanca y escudo al centro. Sin embargo, ante el partido pérdido contra Estados Unidos en Roma la selección volvió al guinda original, acompañado de short negro y medias rojas con franjas blancas.  El diseño aún no se definía.

 

Durante las décadas siguientes, las modificaciones fueron discretas. En Brasil 1950 desaparecieron los cordones y aparecieron botones con solapa; en Suiza 1954 el guinda permaneció casi intacto, con ajustes ligeros en el corte. El uniforme seguía siendo sobrio, distante del espectáculo que el fútbol empezaba a convertirse.

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El nacimiento del verde

El cambio llegó en Suecia 1958. Ahí apareció por primera vez la camiseta verde como uniforme alternativo. El diseño era sencillo: verde sólido, manga corta, cuello en “V” blanco y un escudo triangular que integraba los tres colores patrios con el nombre del país en mayúsculas. Lo que comenzó como una estética pronto adquirió otro significado.

Curiosamente, la selección mexicana estaba vestida de verde cuando consiguió sus primeros puntos en la historia de los Mundiales. El color dejó de ser únicamente una decisión estética y comenzó a asociarse con la suerte, con el rendimiento, con la posibilidad; creando una especie de ritual. 

Por consiguiente, en Chile 1962, el verde se consolidó como color principal. El jersey mantuvo el cuello en “V”, con pequeñas franjas blancas en cuello y puños. Con esa camiseta llegó la primera victoria mundialista, contra Checoslovaquia. El uniforme ya no era solo una tela: era una declaración colectiva. Desde entonces, el verde dejó de ser alternativo y pasó a representar a la selección. 

Después, en Inglaterra 1966, la camiseta adoptó mangas largas en respuesta al clima británico, mientras que el cuello redondo sustituyó a la V, siguiendo las tendencias europeas del momento. Ese torneo marcó un giro decisivo, por primera vez la marca inglesa Umbro fabricó oficialmente el uniforme nacional, lo que generó un impacto en la indumentaria e inició una nueva etapa en la que comenzó la relación formal entre la industria de la moda y el fútbol.

Mientras tanto, el diseño siguió siendo verde profundo con detalles tricolores discretos, pero la camiseta ya era algo más que una prenda, convirtiéndose en un sentimiento de pertenencia. Asimismo, los jugadores la defendían en la cancha y la afición la replicaba en calles y estadios, funcionando como una frontera simbólica que diferenciaba, unía y declaraba a que equipo le iban. Con este color nació una identidad reconocible y, con ella, el primer paso hacia una transformación mayor: la camiseta dejaría de ser equipación deportiva para convertirse en un emblema nacional y, más adelante, en un  fenómeno cultural.

Mundial de Suecia 1958: Con este uniforme, la selección mexicana consiguió su primer punto en una Copa Mundial al empatar contra Gales. Nota. Fotografía de Futbol Total, recuperada de Emporio Hotel & Resorts (2026).

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México Inglaterra 1966: La selección mexicana marcó goles memorables durante el torneo. Nota. Fotografía de Futbol Total, recuperada de Emporio Hotel & Resorts (2026).

Fútbol, política y patriotismo en el Mundial 1970

Por otro lado, en el año 1970 México vivió por primera vez la experiencia de ser sede de un Mundial, pero el país aún arrastraba las secuelas de los Juegos Olímpicos de 1968 y la memoria del movimiento estudiantil permanecía presente en la vida pública. La estabilidad política era frágil, la inconformidad social seguía presente y, aun así, el partido se llevó a cabo.

Por ello, la imagen se volvió estratégica. En este torneo se consolidó la identidad tricolor: jersey verde, short blanco y calcetas rojas, estableciendo por primera vez el uso sistemático de los colores de la bandera como lenguaje futbolístico. La selección fue vestida por la marca mexicana RIGG, con un diseño sobrio de líneas limpias, cuello en “V" y escudo bordado al pecho. Frente a otras propuestas más estridentes, México apostó por una estética contenida, donde el verde dejó de ser casualidad para convertirse en declaración e intención política.

El resultado deportivo reforzó el símbolo. El equipo alcanzó por primera vez los cuartos de final en casa, y esa combinación cromática quedó asociada al orgullo nacional. Jugadores como Enrique Borja y Javier Fragoso se volvieron parte de una imagen que trascendía lo deportivo a una memoria compartida. A su vez, el microdiseño llenó las camisetas de patrones y colores estridentes en busca de diferenciación y autenticidad, aunque con el tiempo muchas selecciones regresaron a propuestas más limpias, entendiendo que la identidad no depende del exceso visual, sino de la fuerza del símbolo.

En este sentido, la pasión por un equipo trasciende lo deportivo. Los colores y emblemas no solo son adornos, sino formas de identidad. El verde dejó de ser únicamente un color de apoyo transformándose en una manera de pertenecer, ya que vestir la camiseta era y sigue siendo una forma de reconocerse dentro de una comunidad, de habitarla y hacerse visible.

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México 1970: Con esta camiseta México disputó el Mundial de 1970. Nota. Fotografía de Getty Images, recuperada de ESPN (2025).

Mundial Argentina 1978: cuando la marca entró al vestidor

Por otra parte, en la Copa Mundial de la FIFA Argentina 1978 se consolidó el primer gran vínculo con una marca global, Levi’s. El uniforme rompió con lo habitual al presentar un verde más claro con cuello blanco de solapa y franjas tricolores en la manga. También existió una versión en verde más oscuro, con manga larga, cuello en “V” blanco y escudo al pecho, en un diseño más consciente de la marca que marcaba una nueva etapa.

En ese mismo periodo, figuras como Hugo Sánchez comenzaron a proyectarse internacionalmente, y la playera acompañaba ese proceso. La indumentaria dejó de ser únicamente deportiva para convertirse en un recurso económico y cultural, donde la venta de camisetas se volvió clave para equipos y federaciones, al depender cada vez más de la conexión emocional que generaba el diseño, funcionando como puente entre identidad y mercado.

Dicho esto, el jersey amplió su presencia en la industria de la moda, ya no se limitó al estadio, sino que circuló en calles, editoriales y colecciones, integrándose al uso cotidiano, de modo que el fútbol y la moda dejaron de ser mundos separados y la camiseta se consolidó un referente nacional, un negocio y una pieza de colección.

México 1986:  consolidación en las marcas de la moda deportiva 

Durante la década de los ochenta, se redefinió la estética del fútbol mexicano. La Federación Mexicana de Fútbol comenzó a establecer alianzas con firmas internacionales como Adidas y Umbro, por lo que el uniforme dejó de improvisarse para responder a estrategias de diseño, innovación textil y posicionamiento.

Para la Copa Mundial de la FIFA México 1986, Adidas presentó un verde intenso con cuello tipo polo, que aportaba formalidad, y tres franjas blancas en las mangas que marcaban el ritmo visual característico de la marca. El logo se ubicó al lado derecho del pecho y el escudo nacional al izquierdo, logrando un equilibrio que actualmente resultó icónico.

Más que un uniforme, fue la declaración de que el fútbol mexicano había entrado definitivamente en la escena de la moda, con una estética capaz de competir dentro y fuera de la cancha. De manera que el mercado se acercó a un punto de saturación, pues las ediciones constantes y las variaciones mínimas comenzaron a influir en su impacto. Por ello, la vigencia de una camiseta depende de su capacidad para apelar a la emoción, interpretar los códigos identitarios del equipo y transformarlos en un diseño con intención. Solo así puede trascender la temporada y convertirse en pieza de culto.

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Argentina 1978: México jugó con esa camiseta en Argentina 1978. Nota. Fotografía de Getty Images, recuperada de ESPN (2025).

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México 1986: Así lució México en el Mundial de 1986. Nota. Fotografía de Getty Images, recuperada de ESPN (2025).

Cuando el uniforme empezó a significar más que fútbol

En los años noventa, el uniforme de la selección mexicana adoptó una estética más profunda y representativa, especialmente en Estados Unidos 1994, donde Umbro presentó un verde más oscuro e intenso, acompañado de patrones geométricos sutiles que aportaban textura sin romper la armonía. Asimismo, el cuello tipo polo blanco mantenía la estructura clásica, mientras el conjunto se completaba con short blanco y calcetas rojas, reforzando el tricolor en movimiento. De igual manera, la vestimenta de los porteros, particularmente la de Jorge Campos, convirtió la indumentaria en espectáculo mediante colores vibrantes y diseños arriesgados que transformaron la cancha en pasarela. Comenzando una identidad visual más atrevida y consciente de su impacto mediático.

Posteriormente, en Francia 1998, la camiseta evolucionó aún más cuando la marca ABA Sport presentó una camiseta que rebasó lo deportivo al incorporar la Piedra del Sol sublimada sobre el pecho. La propuesta buscaba transformar un símbolo ancestral en lenguaje contemporáneo dentro de la moda. A su vez, el cuello tipo polo blanco y los acentos rojos equilibraban tradición y modernidad, mientras jugadores como Cuauhtémoc Blanco, Luis Hernández y Claudio Suárez terminaron por convertirla en una pieza de colección. Más que una camiseta memorable, fue la confirmación de que el uniforme podía narrar identidad sin perder fuerza estética.

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Francia 1998: México en el Mundial Francia 1998. Nota. Fotografía de Getty Images, recuperada de ESPN (2025).

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Corea-Japón 2002: México en el Mundial Corea-Japón 2002. Nota. Fotografía de Getty Images, recuperada de ESPN (2025).

Del 2002 al 2014: entre la nostalgia y la modernidad en las playeras

Corea-Japón 2002 marcó el debut de la marca mexicana Atlética como fabricante de la indumentaria de la Selección Mexicana. El diseño apostó por lo minimalista  a través de un verde más oscuro, cuello en “V” rojo que buscaba proyectar madurez y control, Igualmente, el negro apareció como tercera equipación, anticipando una paleta más arriesgada para el futuro.

Después, Alemania 2006 llevó al equipo mexicano hacia una reinterpretación más global del diseño bajo la dirección de Nike. El uniforme destacó por su equilibrio, un verde sólido con una “V” en el pecho que ocultaba patrones aztecas refinados, incorporando  por primera vez la tecnología Dri-FIT para el alto rendimiento. De esta manera, la camiseta logró combinar herencia cultural y modernización deportiva.

Por otra parte, Sudáfrica 2010 presentó una propuesta más simbólica por parte de Adidas. Inspirado en el plumaje del águila real, el diseño incorporó texturas que evocaban plumas en pecho y hombros, además de un verde esmeralda más intenso. Del mismo modo, en el interior del cuello apareció la frase “Mexicanos al grito de guerra”, reforzando el componente emocional del uniforme. El jersey negro, particularmente, se convirtió en uno de los favoritos del público por su impacto visual.

Finalmente, en Brasil 2014 dio paso a una etapa más moderna y arriesgada. Desarrollando un nueva jersey inspirado en la lucha libre mexicana, el diseño incorporó trazos rojos y blancos que partían del escudo central, buscando transmitir fuerza y dinamismo. Aunque fue una camiseta controversial, marcó un momento clave en la evolución visual de la selección hacia códigos más narrativos y culturales.

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Sudáfrica 2010: Con esta camiseta, México disputó el Mundial de Sudáfrica 2010. Nota. Fotografía de Getty Images, recuperada de ESPN (2025).

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La monotonía en las camisetas mundialistas

A partir de Rusia 2018 comenzó una etapa distinta. Las playeras dejaron de sentirse especiales: más que diseños pensados para representar a México, comenzaron a percibirse como plantillas genéricas adaptadas con rapidez. La camiseta verde con patrones geométricos sobrevivió en la memoria principalmente por el histórico triunfo 1-0 contra Alemania. Además, en términos de diseño retomó una nostalgia noventera mediante un verde oscuro y franjas laterales más claras, evocando códigos clásicos de Adidas. 

Después, en Qatar 2022 se profundizó esa sensación de monotonía con un uniforme que recurría nuevamente a ideas ya exploradas. Sin embargo, la versión blanca inspirada en la talavera poblana logró destacar por su propuesta visual. Para ese Mundial, México regresó al verde tradicional con un diseño inspirado en Quetzalcóatl, representado mediante patrones de plumaje que recorrían el torso en distintos tonos de verde, mientras que que el nuevo escudo minimalista buscaba proyectar una identidad más contemporánea.

Brasil 2014: Con esta camiseta, México disputó el Mundial de Brasil 2014. Nota. Fotografía de Imago7, recuperada de ESPN (2025).

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México Mundial 2026: nostalgia, diseño y reinvención

 

Actualmente, la nueva playera de la Selección Mexicana de Fútbol para este 2026, confeccionada por Adidas, retoma las tres franjas en los hombros, incorpora un escudo con efecto holográfico y añade un gráfico central inspirado en la Piedra del Sol que evoca la memoria visual de la Copa Mundial de la FIFA Francia 1998. A 96 años de la primera participación mundialista, el uniforme combina nostalgia y referencias prehispánicas con tecnología textil contemporánea. No obstante, el contexto social en el que se celebra el Mundial en nuestro país está marcado por protestas, remodelaciones y precios excluyentes que condicionan nuestra sociedad. Más que una reinvención identitaria, la camiseta parece responder a una estrategia de mercado que recicla símbolos conocidos en lugar de proponer una narrativa nueva.

De modo que la constante renovación de uniformes ha fortalecido la economía de equipos y marcas, pero también ha consolidado una forma de consumo donde el “verdadero aficionado” parece medirse por la versión más reciente del jersey. Además, las playeras han impactado tanto con la moda como con la política como el mensaje democrático del Sport Club Corinthians Paulista en 1982 o las equipaciones inclusivas del Rayo Vallecano, las cuales demuestran que el fútbol comunica más allá de la cancha. Al final, el fútbol nos une en la emoción colectiva, pero también nos divide en lo económico, en lo ideológico y en quién puede o no formar parte de la celebración.

Rusia 2018: Esta fue la camiseta de Rusia 2018. Nota. Fotografía de AP, recuperada de ESPN (2025).

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Web, C. (2026). Jerseys más Icónicos de la Selección Mexicana que Marcaron Historia. Emporio Hotels & Resorts ®. https://hotelesemporio.com/blog/jerseys-mas-iconicos-de-la-seleccion-mexicana-que-marcaron-historia/ 


 

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